¿Qué mecanismos psicológicos se asocian con el hecho de que las personas que cuidan de familiares con demencia sufran depresión, ansiedad y estrés crónico? Investigadores de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y de la Universidad Autónoma (UAM) han intentando dar respuesta a esta pregunta en su investigación "La regulación de las emociones en el cuidado familiar a personas con demencia: un estudio longitudinal", un trabajo que acaba de recibir el premio de la Fundación Agustín Lafourcade.
“Cuidar de un familiar con demencia es probablemente una de las situaciones más difíciles con las que se puede enfrentar una persona. La necesidad casi constante de atención que requieren estos enfermos, observar los cambios que se producen en ellos, sus cada vez más frecuentes e intensos olvidos y sus problemas de comportamiento hacen que los cuidadores experimenten niveles elevados de agotamiento, incluso aunque atiendan con cariño y con las mejores intenciones a sus famliares”, asegura Andrés Losada, profesor de Psicología de la URJC y autor del estudio junto con María Márquez-González (UAM) y Rosa Romero-Moreno (URJC). Sin embargo, “no todos los cuidadores afrontan del mismo modo esta situación de estrés. Ante problemas objetivamente similares, unas personas desarrollan cuadros depresivos y otras mantienen niveles razonables de bienestar”.
Para localizar los factores que provocan esta diferencia, los investigadores han evaluado en este estudio a 122 personas en dos momentos distintos a lo largo de un año. El trabajo, financiado parcialmente por el Ministerio de Educación, se centró en dos tipos de estrategias de regulación emocional: la rumiación, que se traduce en la tendencia a centrarse y “no parar de dar vueltas” sobre lo mal que uno se siente, y la reevaluación cognitiva, que es la capacidad para reinterpretar una situación negativa de tal forma que, finalmente, no afecte mucho a la persona. Reevaluar, explica el docente, sería similar a “buscar el lado positivo de la situación” o “mirar las cosas de una forma menos negativa”.
En conjunto, los cuidadores que rumian más sobre sus emociones negativas y que reevalúan menos tienen más depresión y ansiedad al cabo de un año. Además, el empleo de la rumiación se asocia a una menor realización de actividades agradables y de ocio por parte de los cuidadores. Los cuidadores que más “rumian” perciben también una mayor frecuencia de comportamientos problemáticos en su familiar enfermo.
Los resultados de este estudio indican claramente la conveniencia de incluir en los programas de intervención para ayudar a los cuidadores módulos terapéuticos dirigidos específicamente a entrenarlos en la estrategia de reevaluación cognitiva y a disminuir el uso de la rumiación, además de potenciar el empleo de otras estrategias alternativas que han demostrado ser más adaptativas (como realizar actividades que les distraigan o actividad física).
Fuente: Universidad Rey Juan Carlos