El arte de generar falsos recuerdos

A todos nos ha pasado. Recordamos algo que nunca ocurrió. ¿Se trata de un mecanismo consciente? ¿De algo intencional? Un equipo de investigadores, entre los que se encuentran científicos de la Universitat de Barcelona, ha descubierto la parte del cerebro asociada a este tipo de memorias.

En el proyecto han participado Luis Fuentemilla, del grupo de investigación Cognition and Brain Plasticity (Cognición y Plasticidad Cerebral), y Estela Camara, del grupo Neurodinámica Cognitiva y de los Trastornos Mentales, de la Universitat de Barcelona y el Instituto de Investigación Biomédica Bellvitge (IDIBELL). El estudio ha estado dirigido por el investigador de ICREA en el IDIBELL Antoni Rodríguez-Fornells.


El estudio concluye que la formación de los falsos recuerdos tiene que ver con la sustancia blanca cerebral y las diferencias que existen entre la organización de esta en uno y otro individuo. Según los investigadores, un tipo de sustancia blanca (vías axonal cerebrales que unen hipocampo y parahipocampo, relacionadas con el almacenamiento de memorias) se asocia a los recuerdos verdaderos, mientras que otro (fascículo longitudinal superior, que conecta estructuras fronto-parietales) es el relacionado con los “falsos”.

Para Fuentemilla, aquí encontramos precisamente lo más interesante: la muestra de que “las diferencias cognitivas en la generación de recuerdos falsos y verdaderos están asociadas a diferencias estructurales en la forma como se conectan diferentes zonas del cerebro que se encargan del procesamiento de estas funciones”.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo científico realizó pruebas en 48 voluntarios sanos, a los que se les habían hecho previamente pruebas de memoria. Para ello, a cada voluntario se le leyeron una serie de listas de 14 palabras relacionadas semánticamente (“sofá”, “sentarse”, “pupitre”, por ejemplo).

Después, cada persona tuvo que escribir aquellas palabras que recordaba. Más tarde, se les pasó un cuestionario de reconocimiento que contenía tanto palabras que habían aparecido en las listas como palabras nuevas que no tenían nada que ver con ellas. En estos cuestionarios también aparecían palabras que aunque no estaban presentes en las listas sí que estaban relacionadas semánticamente con ellas (“por ejemplo, “silla”).

Los voluntarios tuvieron que precisar en cada caso si recordaban la aparición de cada palabra y con qué intensidad lo recordaban. El 75 por ciento de ellos afirmó que recordaba la aparición de la palabra tipo “silla”, que en realidad no formaba parte de la lista. Este tipo de reacción, denominada “paradigma de Reese-Roediger-McDermott” o DRM, ya había sido observado con anterioridad en pruebas de este tipo.

Tras la prueba, cada participante fue sometido a una resonancia magnética estructural llevada a cabo con una nueva técnica denominada Difusion Tensor Imaging (DTI). Con esa prueba se procedió al estudio de la materia blanca cerebral de cada voluntario y se procedió a extraer las oportunas conclusiones.

Fuente: Universidad de Barcelona

 


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